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Rechazan suspender régimen de comunicación y advierten que no puede ser una herramienta de agresión entre padres

14 de julio de 2026

La Cámara de Apelaciones sostuvo que la suspensión del vínculo constituye una excepción y sólo puede disponerse cuando existen causas graves y debidamente acreditadas.

Frente Cámara de Apelaciones del interior

La Cámara Provincial de Apelaciones confirmó una sentencia que rechazó suspender el régimen de comunicación de un padre con sus hijos. La Sala II advirtió que, en un contexto de fuerte conflictividad familiar, una medida de ese tipo debe analizarse con rigor “para que no se convierta en una herramienta más de la agresión permanente entre los padres”.

El pedido había sido presentado por una mujer, quien denunció episodios reiterados de malos tratos de su ex pareja hacia los menores de edad y solicitó que el contacto se interrumpiera de manera provisoria hasta que el progenitor acreditara haber realizado tratamiento psicológico y contara con “herramientas para ejercer una crianza respetuosa”.

La Sala, integrada por Patricia Clerici y Pablo Furlotti, sostuvo que la suspensión del vínculo constituye una excepción y sólo puede disponerse cuando existen causas graves y debidamente acreditadas que pongan en riesgo la salud física o psíquica de las personas menores de edad.

Remarcaron que el Código Civil y Comercial establece que el cuidado personal del hijo puede ser asumido por un progenitor o por ambos “pero siempre, aun cuando el cuidado personal sea unilateral, se debe respetar el derecho de hijos y progenitor no conviviente a mantener una fluida comunicación”. 

“La excepción a esta regla debe ser apreciada con criterio estricto”, señaló Clerici en su voto, y añadió que debe analizarse “con absoluta primacía del interés superior del niño, a fin de evitar que se excluya a uno de los progenitores de la vida del hijo o hija”.

La Cámara subrayó que en primera instancia el juez dejó claro que “la medida peticionada por la madre de los niños se inserta en una situación de conflictividad entre los progenitores” y que esta situación lo obligó “a realizar exhortaciones, intimaciones, y orden de abstención de realizar determinadas conductas por parte de los adultos, que aparecen como impropias de personas que manifiestan preservar el interés superior de sus hijos, pero poco o nada hacen por el bienestar emocional de los niños”.

En este caso, Clérici y Furlotti consideraron que no se habían aportado “pruebas ni indicios suficientes para demostrar los hechos denunciados”. 

También tuvieron en cuenta que los niños fueron escuchados durante el proceso y manifestaron que querían mantener el contacto con su padre. Incluso expresaron su deseo de continuar viviendo con él. Y aclararon que no se pretendía exigir una prueba imposible de situaciones que pueden ocurrir dentro del ámbito familiar, pero que era necesario contar con elementos que permitieran justificar una decisión tan restrictiva, especialmente porque lo expresado por los niños contradecía el planteo formulado por la madre.